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Si con un verso me prendo

Te observo desde un lugar
al que regreso en el tiempo
porque nada es imposible
si con un verso me prendo
para hacerte toda de agua
y así bebernos de nuevo
o como siempre lo hicimos,
o como nunca lo haremos.

Te espero mientras me rompo
las cadenas de la vida,
cada nudo, lentamente,
al igual que tú haces trizas
el corsé de la pasión
y el boicot de la rutina.

Ven, salgamos de esa jaula
porque a nadie más le duele
que a nosotros. Somos fieras
que sin presa alguna mueren
al no poder depredarse
alevosos, mutuamente.


Sobre los imprescindibles

A Gavrí Akhenazi


Por el amor del dios de los dolores,
por la conformidad del hombre acomodado,
por el gorgojo gordo de tanta sangre dulce,
por la queja infantil del roce de un zapato,
por el traje burgués de medias pintas,
por el oro perdido en unas pulcras manos,
por la savia indolente de un bosque de hormigón,
por la omisión que engrosa filas de falsos santos.
Por eso es menester que el mundo vea el horror
con la tinta del luto, piel, desnuda palabra,
que manche con sudor oscuro mentes planas.
Y por eso se os siente, lejos, en las antípodas
de cualquier egoísmo
o cosa parecida.

Un mirlo para decir, lo siento

Ha venido un mirlo durante la mañana
como trozo de noche, recortado,
arrancado de los desvelos turbios
y las horas de cárcel del colchón
donde se agitan los malos pensamientos
bajo mi mala sombra
cuando olvido a quién quiero
y a quienes quiero lejos.

Ha venido un mirlo para ver sus colores
bajo mis ojos, que me pesan tanto
por el pesar de lo que dije ayer,
para ver todo el daño que se causa
a tu espíritu blanco, tu blanco corazón,
reflejado en esta calavera
que cargo, con vergüenza, en días como hoy.

Lisboa

Dije adiós a tus calles, pero a través de ti,
puedo contar historias
o desde la verdad pintarme las ficciones.
Aunque no siempre pida verdades mi pregunta
¿Puedes dejarme en cuanto diga basta
o vivirás de mí durante meses?

Lo cierto es
que si alguien te nombra,
entonces, eres aire que se aquieta.
Yo me detengo
y soy manos buscándote en mi frente.

A veces siento mucho no haberte visto más
y otras veces me alegra que nadie te conozca
como yo te viví.

Entro en tu olor de pleno
y camino por la avenida umbría
donde me quedo solo
y es la Rúa Augusta
que ha perdido tu rostro entre la multitud.

Cantan fados las piedras decadentes
bajando la lluviosa nostalgia de tu gloria
hasta llegar al Tajo.
Arriba ruge un puente con nombre de claveles.

No me acostumbro a verte tan lejana,
por eso dudo
antes de recorrerte algún lugar del cuerpo.

Puede que llegue el día

En ocasiones tengo la manía de hurgar
en el dolor curado,
en el pasado de la decepción,
en obscenas midriasis
que alguna vez saciaron el hambre que tenía
de fuego glandular,
aunque sienta vergüenza.

En ocasiones tengo la manía de hurgar
en la verdad pasada
porque no me reinvento para hacerme el espléndido
en reuniones de antiguos y embusteros alumnos.
Y por eso me callo.

En ocasiones tengo la manía de hurgar
dentro de la mentira
de la que formo parte animando al sistema
cada vez que me ofrezco
como el silencio cómplice de mi mirada insomne.

Puede que llegue el día luminoso
en que no me atormenten las palabras sujetas
a mi reputación de tonto tímido
y les abra la jaula y campen a sus anchas
y desgarren con dientes crudos y realistas
las palmaditas en el hombro
de los que, a escondidas, me han juzgado.

Soneto sobre "Mi maestro"

Me enseñas la verdad oculta en los instantes
cuando con pies de abuelo corres hacia la vida
y me explicas los cielos en la piedra pulida
con el idioma mágico que inventan los infantes.

El presente contigo se burla de los antes
manchándome la cara al darte la comida
quisiera devorarte si me imitas torcida
la expresión que te lanzan mis cejas con guisantes.

Cuando crezcas permíteme seguir siendo el pupilo,
siempre que lo merezca, siempre que me lo gane
en tus clases -ejemplos de mi obra más bella-

que como padre tenga, si por miedo vacilo
en comprender tus júbilos o el dolor que rebane
al tipo de persona donde brille su estrella.

¿Qué culpa tendrá la rosa?

Resiste la natura de la rosa
por la raíz que en lo profundo trueca
una maceta que sirvió de fosa
a la simiente de la ofrenda hueca.

Sus espinas se muestran recelosas
bajo el tacto y la perversa mueca
de quien confunde amor con otra cosa
y los ramos de tallos con las tuecas.

Que sus labios o símbolos florales
sean el cebo de la pequeña muerte
colgada de su rama, ya marrón.

Maltratada por fines tan banales
quedará deshojado el rojo inerte
amaneciendo a flote en un jarrón.

Cuando éramos salvajes

Cuando éramos salvajes
dejábamos tesoros en el hueco de un árbol
y el sol nos calentaba
tras horas en remojo los cuerpos ateridos.

Tritones del verano
a los que los otoños les calzaban las suelas
de suelos escolares
y del cemento que ganaba al bosque.

Los salvajes de los aburrimientos
en las horas de siesta adoptando maneras
de ser protagonistas en videos musicales.

Éramos una nueva especie
que invadió la altitud del eucalipto
para escuchar canciones nocturnas a lo lejos
jugando a los adultos perdedores
en el amor.

Te caiste de la bici
y amaneciste dolorida en cama.

Me golpeó un tablón en la cabeza
y bailaron estrellas sobre mí.

Álvaro acuchilló su pie en el césped,
lo llevaron corriendo al hospital.

Mónica deslizó la mano en esa grieta
y lo ocurrido retumbó en el aire.

Despertamos a los veranos nuevos
y ahora somos recuerdo, somos grito
de esa infancia silvestre.

De aquellos amigos y del ahora nosotros

Ya acordamos no envejecernos mucho,
no dejarnos morir por los colores gastados de las fotos.
Hay amigos que me presentan cláusulas,
ellos no son nosotros,
ellos son yo, pero hace mucho tiempo,
se alejan por distancias de ofertas de aeropuerto
aquellos con planes lejos de los míos,
que uní junto a los tuyos, ahora nuestros.

Y el reloj va más lento, tiene engranajes básicos:
comer, sueño ligero y este lamento cíclico.

Se madura tomando decisiones
como crear o no hacerlo,
viviendo como siempre
o cambiando conforme camina nuestro niño;
me da paz su alegría cuando juega en el parque
y hay días de ojalás como noches contigo
que nos quedan pendientes
en las que paliaremos soledades.

El sueño de un beso

*
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*
Me he encontrado en el cielo de la boca
un beso antiguo, tuyo, y el tropiezo
por el que mueren los amantes ávidos
de robarse los líquidos del cuerpo,
de entorpecerse la venida rápida
mutuamente, mordiendo el mismo anzuelo.

Te encontraba en el velo de la boca,
te encontrabas conmigo allí en el techo
hecho de ambos, sin luna y sin estrellas,
éramos luz bermeja de un recuerdo,
era el lenguaje de mi lengua trémula
apurando las mieles de tu verbo
que por dulces pensé que no eran malas,
que por buenas me hieren estos sueños.

*
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